sábado, 14 de mayo de 2016

Cota Cota, el fundo que se convirtió en una zona residencial

Don Francisco Nina Turco está sentado en la puerta de su casa, donde está su negocio: una tienda de películas grabadas en   DVD y blu-rays, ubicada  en la avenida principal  de Cota Cota, uno de los barrios de la zona Sur. Hace 48 años, cuando llegó a vivir al lugar (en 1968), la ubicación de su casa no era para nada atractiva, como lo es ahora. No le importaba porque su oficio no  lo demandaba: la carpintería.

"Todo esto era tierra y había barrancos por aquí   y por allá. No había esta avenida. Este lugar era una chacra, un sembradío de choclos, locotos y  de otras verduras. Ahora esto es como El Prado”, dice sonriendo el hombre de 69 años mientras disfruta de los rayos del sol que inundan plenamente la amplia avenida principal de Cota Cota, José Muñoz Reyes, que hoy es el paso  obligado a otras zonas, como Chasquipampa, Ovejuyo y al municipio de Palca.

Su vecina Mónica Pantani llegó a la zona unos 20 años después, en la década de los años 80. Sus recuerdos de la zona son similares. "Era una chacra donde había vacas y todo era tierra”, dice la mujer.

"Por acá vivían muchas lecheras que en la mañanita ordeñaban sus vacas y luego bajaban a vender la leche hasta Calacoto, Obrajes. Algunas llegaban hasta el centro de La Paz”, añade Mónica que aprovecha el tiempo que le da su negocio (un taller de reparación y lavado de vehículos) para refregar la ropa de sus hijos.

El fundo de los Patiño

"Hasta antes de la Revolución de 1952 esto era uno de los fundos de los Patiño.  Aquí vivieron Julio,  Luis y Raúl Patiño, que después del 52 repartieron sus tierras a sus trabajadores. Cuando yo llegué a la zona,  la tierra todavía era de esos trabajadores, que ya se han muerto”, cuenta Francisco.

Todavía recuerda a esos propietarios: Pedro Centeno, Santiago Manríquez, Justo Mamani, Cruz López, Gabino Villa, que se abocaron a la lechería.

Con el tiempo, los dueños de las tierras de Cota Cota decidieron vender sus propiedades. "Vendieron para comprarse movilidades, primero camiones, luego minibuses. Ahora hay muy pocos propietarios”, dice José Toco, otro de los vecinos más antiguos de Cota Cota.

"Fue poco a poco. Primero vendieron lo de abajo, luego lo de arriba. Después vendieron lo de Chasquipampa, Ovejuyo y Apaña y ahora está más arriba”, añade Mónica Pantani.

Convocatorias con  petardos

En la década de los años 80, en la zona de Cota Cota las casas eran tan escasas que los vecinos, para reunirse, tenían que hacer estallar petardos.

"Así nos comunicábamos, porque estábamos muy alejados”, recuerda otra vecina, doña  Benigna.

Es que entonces los vecinos   tenían que organizarse con frecuencia para pedir a la atención de las autoridades. No contaban con servicios básicos ni con transporte.

"Sólo llegaba el colectivo 21, su parada en  la 30, que entonces ahí era la tranca ”, dice Benigna.

La mujer recuerda que el aguatero pasaba una vez por semana por la zona, dejando a cada familia dos turriles de agua. "Con eso teníamos que cocinar, lavar ropa, bañarnos. Cuando no venía el aguatero teníamos que esperar la lluvia”, rememora.

Esa organización les sirvió también para orientar el carácter comercial que hoy tiene Cota Cota. "A medida que la gente iba poblando más la zona Sur,  venían a preguntar aquí por servicios, de mecánica para autos, por ejemplo.

Entonces hablábamos sobre eso y decidíamos que debíamos poner esos negocios. Por eso esta calle de Cota Cota es como la Landaeta de La Paz, llena de mecánicos”, afirma Mónica Pantani.

Adolfo Flores, que lleva varios años conduciendo un radiotaxi que presta servicios por toda la zona Sur, vio cómo Cota Cota fue creciendo y aún es testigo del interés que el lugar despierta en los "compradores de terrenos”.

"Mucha gente pregunta por terrenos en Cota Cota, pero ya no hay nada para comprar”, dice.

"Por aquí vive y ha vivido gente bien importante. El expresidente Jaime Paz Zamora   vivía por la calle 32.

También vive aquí el exministro de Educación Enrique Ipiña. El compadre Paco tenía su casa en Cota Cota”, añade Adolfo mientras recorre con su vehículo la avenida principal de la zona llena de negocios: tiendas de barrios, almacenes, ferreterías, talleres de mecánica, bancos y otros.

"Nos bañábamos en la laguna”

Alejandra nació en el Guanay, pero en la década de  los años 80 migró a la ciudad de La Paz. Se instaló en la zona de Cota Cota, que entonces "no tenía avenidas asfaltadas y todo estaba lleno de tierra”.

Puso una tienda en la avenida principal José Muñoz Reyes, desde donde vio crecer su zona. Su negocio está a pasos de la laguna de Cota Cota, el principal atractivo  de la zona.

"Nosotros entrábamos a la laguna de bañarnos y hasta a lavar ropa, pero ahora  ya no se puede entrar libremente”, recuerda la vecina.

"Esto era bien tranquilo, no había bulla, pero ahora todo el día circulan las movilidades. Como es subida,  los motores suenan muy fuerte, ya no se puede descansar”, continúa.

Es que Cota Cota no sólo está llena de negocios. En la zona se encuentran carreras de la Universidad Mayor de San Andrés y el Museo Nacional de Historia Natural, lo que incrementa la circulación vehicular.

Y cuando llega el 24  de septiembre, el Día de Virgen de La Merced,  la avenida principal  de la zona se convierte en el  escenario por donde  decenas de comparsas folklóricas marcan el paso al son de bulliciosas bandas que irrumpen en la cotidianidad de los vecinos.

Los bailarines recorren la avenida José Muñoz Reyes, desde la calle 33, donde está el templo del lugar. Desde ahí emprenden  el baile hasta Chasquipampa.

domingo, 1 de mayo de 2016

Río Apere: Estación Mercedes

En las riberas del río Apere parecen conectarse los cuatro elementos de la naturaleza en sabia cofradía. El agua de sus fluidos, el aire como la brisa fresca, la tierra y su cable a la vida, y el fuego como ardiente clima de insolación. Es la Amazonía boliviana, noreste del país, donde una nueva ruta turística busca promover el encanto por la aventura en el paisaje aún silvestre del serpenteante raudal que une las provincias de Yacuma y Moxos, territorio del departamento de Beni.

Llegar no es fácil. Desde la capital beniana, Trinidad, parten los típicos taxis aéreos hacia San Ignacio de Moxos, a 88 kilómetros, en un viaje que dura alrededor de 20 minutos. Luego el traslado en vehículo hasta Puerto San Borja, donde empieza la hazaña a bordo de lanchas que atraviesan el río cercado por enormes árboles, en un viaje rápido a la vez de placentero. “Este proyecto de turismo comunitario nació por iniciativa del Estado boliviano y está distribuido en ocho comunidades ribereñas: San Antonio del Pallar, Santa Rosa del Apere, San Miguel del Apere, Puerto San Borja, Las Mercedes del Apere, San Pedro del Apere, El Perú río Apere y Desengaño”, explica Joaquín Rodas, viceministro de Turismo, beniano de nacimiento y por ende, un conocedor del lugar y su tradición.

Desde la época de la conquista española, Moxos fue considerado un emporio de riquezas. Y por ello, el recorrido por el río de cerca de 500 kilómetros de longitud que desemboca en el Mamoré, fue identificado como potencial destino turístico, el cual permitirá el progreso de las comunidades colindantes, preservando su identidad y también su cultura.

Las Mercedes del Apere es una de las paradas más visitadas en este itinerario de viaje náutico. A dos horas del traslado en lancha desde Puerto San Borja, la comunidad es un diagramado de casas de madera con techos de hojas de motacú y enormes ventanales, para la circulación del aire. El calor sofoca y los refrescos naturales, como el de caldo de caña, son el elixir en plena selva amazónica. Al centro de la comunidad, una cancha con el pasto más envidiable es testimonio de que allí se juegan verdaderas contiendas futboleras. Lo asegura Adhemar Mole (39), quien es el segundo cacique de la comunidad además de jugador e hincha del club deportivo Mercedes, de uniforme azul.



La historia de esta autoridad es en parte la genealogía del poblado. Nacido en el seno de una familia numerosa, sus primeras vivencias guardan la pureza de los contextos de naturaleza bucólica. Sin energía eléctrica que era suplida por velas de cebo, sin agua potable, sin catres sino más bien “chapapas” (hechas de madera y cuero de res), su mundo antaño era lo más cercano a lo primigenio. De niño acompañaba a su padre a cazar y pescar; los terruños de Las Mercedes del Apere albergan al llamado localmente “puerco de tropa” (chancho de monte) y sus ríos son el hábitat natural de especies como surubí, pacú, palometa, sábalo, yayú, blanquillo y samapi, entre otras.

Después de culminar sus estudios de primaria, Adhemar se vio en la necesidad, como muchos de los de su generación, de migrar hacia otras poblaciones donde continuar su formación secundaria. Entonces el futuro cacique eligió San Ignacio de Moxos, y tras seis años de radicatoria en que logró el bachillerato, retornó a su comunidad para dar clases a niños y también adultos.   Es en las aulas de la Unidad Educativa Las Mercedes donde enseña parte de la historia de su comunidad. “Nosotros tenemos gran influencia de la cultura movima. Además de la caza y la pesca, la gran herencia de ellos es la elaboración del masaco (foto cuadro derecha)”, señala Adhemar. También nombra al chivé, preparado a base de harina de yuca, como otra de las tradiciones infaltables en la mesa de la comunidad. “Los sembradíos principales de las chacras son la yuca, el maíz, el arroz y el plátano; además se cultiva caña de azúcar, frijol y sandía. Las toronjas crecen solas”, sonríe el guía-historiador-autoridad.

Cosmovisión

Entre los habitantes de la comunidad sigue vigente el respeto a la naturaleza y a los animales, una cosmovisión que convive con las creencias cristianas que influyen de gran manera entre la población. Los médicos tradicionales o curanderos tienen a la mano innumerables plantas medicinales y son los encargados de la atención de enfermos. Por ejemplo, una de las habituales plantas en los jardines “mercedianos”, la jipi japa, sirve para paliar y curar las más diversas infecciones.

Pero además de los arbustos sanativos, también se encuentran diversos frutos con los cuales refrescar el suplicio de las altas temperaturas: tamarindo, achachairú, coco, además de las enormes toronjas. Para el consumo de esta última, los lugareños sacuden la copa del árbol que ve caer el fruto, desplegando una técnica sin igual para saborearlo: luego de pelarlo, cercenan uno de sus polos y realizan una pequeña incisión al interior de la pulpa, de manera de aprovechar hasta la última gota de jugo. Como beber de una gran tutuma (fruto cuya dura cáscara sirve de recipiente). Por otro lado, entre las artesanías que aquí se elaboran destacan los trenzados de esteras de jatata y de totora, con figuras que realizan las mujeres, además de tejidos en hilo de algodón. Los hombres trabajan la madera, fabrican grandes canoas, carretones, ruedas de carretones, tacuses (morteros grandes para pelar arroz y machacar otros alimentos) y juguetes para niños.





La comunidad también cuenta con una laguna artificial como criadero de peces; el preferido sin dudas el pacú, que habita la gran alberca de 25 metros de ancho por 50 de largo en un número que sobrepasa el millar. “No vendemos lo que producimos, simplemente es para el consumo de los comunarios”, explica el segundo cacique. “Ahora, si en algún momento se decide la comercialización sin perjuicio, debe ser por decisión de las comunidades y de una manera que sea sostenible”, agrega.

En esta población hay seis pozas para la pesca y también dos cañales, que se definen como aquellos terrenos dedicados al cultivo y cosecha de caña para producir empanizao, miel y azúcar, a través de métodos tradicionales. “Las Mercedes del Apere es muy dinámica por su actividad económica; en su tiempo fue el paso obligado para acceder a Santa Ana del Yacuma (capital de la provincia Yacuma), logrando la producción de caña”, afirma la autoridad comunaria.

Para el Viceministro de Turismo, la riqueza de la visita consiste en apreciar “cómo las comunidades aún conservan una tradición cultural ancestral, reflejada en la elaboración de artesanías, danza, música y gastronomía”.

Cada 24 de septiembre, el pueblo celebra su aniversario con diversas actividades, entre ellas la entrada folklórica por sus calles de tierra, que culmina por la noche con una velada artístico-cultural en la unidad educativa, la cual reúne a gente de distintas generaciones.

“Los chicos presentan números de danza, declaman poesía, algunos cantan, cuentan chistes y hasta presentan obras de teatro”. Adhemar dice que el broche de oro de la jornada se vive con la elección de la Miss Mercedes. “Es una fiesta completa donde las chicas se presentan en traje deportivo, vestido de gala, y un atuendo típico confeccionado por ellas mismas en base a plantas y semillas típicas de esta región”. En los últimos meses, el paisaje de Las Mercedes ha empezado a exponer algunas antenas satelitales; ello, más la promesa de una pronta instalación de telefonía celular e internet de parte de autoridades nacionales, avizora un panorama nunca percibido entre los habitantes de esta aldea paradisíaca. “Yo entiendo que el progreso viene con todo esto; pero hay algo que está empezando a cambiar y eso lo notamos entre nuestros jóvenes”, dice Adhemar. Todo empezó con la llegada de la energía eléctrica hace poco menos de un año.

Con ella arribaron los primeros aparatos de televisión con DVD incluido. Y desde ahí, algunos hábitos empezaron a modificarse entre los lugareños. “Era tal la expectativa que algunos ya contaban con todo el aparato, listos para encenderlo apenas instalaran la electricidad. Ahora nos damos cuenta de que muchos de nuestros hijos, incluso nuestras esposas, han creado una adicción a los programas de Tv, como las telenovelas. Los chicos han dejado de salir de sus casas para jugar, prefieren ver videos musicales; no quiero imaginar el momento en que llegue la señal para el celular”, confiesa muy pensativo el cacique mercediano.

Leyendas

Entre la diversidad de mitos sobre el amazonas beniano, destaca la del Cristo de Oro de Moxos, que relata la existencia de una efigie de oro, del tamaño de un hombre normal, en el fondo de una laguna no identificada. Una historia similar a la famosa leyenda del Dorado en Colombia. O la del bufeo o “delfín del río”, del que la tradición oral sostiene que se convierte en hombre para seducir a mujeres jóvenes. Solo una muestra entre otros tantos mitos que se transmiten por generaciones. Y es que la tierra que habita Adhemar y los suyos está llena de embrujo y templanza.

“La iniciativa de impulsar este destino surge además con el propósito de que las comunidades progresen a través del turismo, pero preservando su identidad y su riquísima cultura”, dice el viceministro Rodas sobre el proyecto promovido por el Estado Plurinacional a través de los ministerios de la Presidencia y de Culturas y Turismo, de la Gobernación del Beni, Boltur y los empresarios privados por medio de AXS Bolivia.

La noche empieza a caer en Las Mercedes. Ancianos, adultos y niños se reúnen en una de las cabañas con ventilador a compartir lo que tienen para la cena, mientras disfrutan de una película en formato DVD. Afuera, el calor y los mosquitos arrecian. Y de fondo, el río.

Los movimas

En las orillas del río Apere habitan principalmente las culturas movima, moxeño-ignaciano y moxeño-trinitario. “La mayoría de las familias son movima”, explica el segundo cacique de Las Mercedes de Apere, Adhemar Mole.

Los movima eran un pueblo muy numeroso. Tradicionalmente, su territorio se extendía desde los márgenes del río Mamoré hasta la zona de San Borja, y al este hasta los lugares ocupados por los kayuvaba. El primero que tuvo contacto con la etnia fue el padre Gregorio de Bolívar, quien se encontró con ellos el año 1621.

A inicios del siglo XVIII, el padre Altamirano los vuelve a contactar, dando cuenta de la existencia de unos 20.000 indígenas que se encontraban en “80 poblaciones pequeñas”. La primera Misión entre los movima fue la de San Lorenzo, fundada por el padre Baltasar Espinoza en 1708; a esta fundación siguieron las de San Luis, San Pablo, San Borja y Reyes. Cuando el padre Altamirano fue muerto por los movima, se abandonó la Misión, que fue trasladada a Santa Ana de Yacuma y fundada de nuevo bajo este nombre. En los años 30 del siglo XIX, Alcides D'Orbigny encontró a los movima expandidos en el centro de Beni, colindando con los pueblos kayuvaba al norte, kanichana al este, y los mojeños al sur y sureste.

Rafting a través del río Coroico



En determinado momento, el bote de goma no depende de la fuerza ni de la habilidad de los guías ni tampoco de las personas que reman en las aguas caudalosas, sino del capricho de la corriente del río Coroico. Y si bien en ciertas circunstancias el remolino amenaza con dar vuelta la embarcación, no hay motivos para temer. La adrenalina de una jornada de rafting puede más que el miedo.

La empresa Turismo Extremo y el grupo Fuera de Ruta - Adrenalina y Rescate son los encargados de dar vida al Rafting Yungas, una actividad recreativa de descenso en balsa a través del río Coroico, aventura que, además de ofrecer una jornada de divertimento, introduce a los cursos de rescatismo en ríos de montaña.

Richard Ilimuri, director de Fuera de Ruta, ha crecido nadando en su natal Santa Ana del Yacuma, en el departamento de Beni. Gracias a ese conocimiento y a partir de 1993, mediante un emprendimiento familiar, comenzó a trabajar como guía de turismo principalmente en incursiones por los ríos Coroico, Pongo, Kaka, Mapiri y Beni.

Sin embargo, un accidente en 1998 cambió su vida. Fue cuando el bote en el que navegaban sus familiares se volcó con final trágico. “Lo más duro que me pasó en la vida fue hacer el rescate”, recuerda. Desde ese momento se alejó 10 años de la práctica de natación en los afluentes, y en lugar de ello se capacitó en el exterior, en rafting, primeros auxilios, seguridad y rescate en ríos de montaña.

Los cursos de rescate que actualmente ofrece la agencia de turismo se dividen en tres niveles: para principiantes, que se desarrolla en un día; el intermedio, que se realiza en tres, y el avanzado, que dura cinco jornadas, denominado Curso Internacional de Seguridad y Rescate en Ríos de Montaña. Para la historia de esta crónica, la comitiva se ha inscrito al paquete esencial de día completo, que incluye cuatro horas de navegación por el río Coroico, senderismo, saltos de valor desde cinco o más metros y una charla sobre primeros auxilios y rescatismo en esta clase de afluentes.

Manuel Justiniano ha formado parte del Grupo de Apoyo Civil a la Policía (Gasip) de Santa Cruz y, como parte de su preparación, conoció a Richard hace tres años en uno de sus cursos de primeros auxilios; no obstante, se quedó con las ganas de volver a la peripecia en el torrente yungueño, que se caracteriza por ser ideal para practicar rafting, deporte extremo también denominado descenso de ríos o balsismo.

Cuando todos los participantes de la aventura se encuentran dentro del agua, Richard explica de manera teórica y práctica lo que se debe hacer en caso de que una persona se esté ahogando, desde cómo transportarla a la orilla del río hasta darle respiración en caso de que sea necesario. Para la jornada extrema, la principal recomendación es no desesperarse en caso de caer del bote, primero porque cada uno de los pasajeros cuenta con un chaleco salvavidas y un casco, y porque hay guías que están en apronte ante cualquier problema. El consejo que se queda en la memoria de los excursionistas es que si se pierde el equilibrio y se sumerge en el agua, lo primero que se debe hacer es extender los brazos y las piernas como si fuera una estrella, para que el auxilio sea más fácil.

Richard pone mucho empeño en las instrucciones de autorrescate para esta jornada de rafting. “A los cinco minutos de ocurrido un accidente, si se mueve el personal de manera rápida, se puede hacer el rescate normal de heridos. Después de ese tiempo se convierte en recuperación de cuerpos”, advierte, basándose en la experiencia de haber participado en varios salvamentos en una región donde suelen darse despeñamientos de vehículos, como consecuencia de la humedad del terreno y porque la carretera continúa siendo peligrosa en algunos sectores.

Al empezar a navegar a través del río Coroico se ponen en práctica los principales comandos de navegación. La bajada es vertiginosa —a una velocidad aproximada de 15 kilómetros por hora—, como si se estuviera en un tobogán largo e irregular, así es que es mejor dejarse llevar. “Adelante”, ordena el guía cuando se pasa por sectores tranquilos; entonces los turistas toman las palas largas de aluminio que incluye la embarcación para comenzar a remar. Las otras instrucciones son “atrás”, “derecha” e “izquierda”, con el fin de evitar el choque con alguna roca o encallar en un lugar peligroso.

La emoción aumenta a medida que se recorren las aguas turbias que atraviesan gran parte de la provincia Caranavi. “Abajo”, grita Richard. Es el lugar donde se debe tener cuidado y, a la vez, donde más se disfruta de la experiencia. Sucede que se ha llegado a Las Ánimas; allí las olas son altas y la inestabilidad es constante, por lo que los pasajeros tienen que arrodillarse y ubicarse en el fondo de la embarcación.

El movimiento del bote ya no depende de la fuerza o habilidad de los guías, ni tampoco de los partícipes de esta aventura, sino del capricho del río. El agua entra por todos lados, mientras la barca da media vuelta y desciende por su lado opuesto.

De esa manera se vive la emoción de bajar por el río, hazaña dominada por guías de mucha experiencia y por aventureros que se esfuerzan por luchar contra la furia del líquido elemento, con el remo como única arma, rodeados por cerros verdes, un cielo azul de escasas nubes y el sol que brilla para los navegantes.

Cuando las aguas se amansan y se tiene que volver a remar, en ese momento los expedicionarios se dan cuenta de que están rodeados de rocas y piedras que han caído como consecuencia de la construcción de la carretera Santa Bárbara-Caranavi-Quiquibey, tarea que fue suspendida por la rescisión de contrato con la sociedad Accidental Argentina Bolivia (Arbol) en 2015.

Los 30 kilómetros de recorrido, que transcurren por Las Ánimas, Puente León y la Cascada de los Ángeles, concluyen con un playón, donde se lleva a cabo la otra parte de la aventura extrema. El nombre es sugerente, pero eso no amilana a los visitantes. Después de caminar unos minutos a través de la selva paradisíaca y poco visitada, se llega a donde se pone a prueba la valentía de quienes pasan los cursos de rescatismo: la Cascada del Diablo.

En el curso avanzado de rescatismo, los participantes practican en ese lugar rapel y salto de confianza, es decir que brincan desde caídas de agua de 15 metros o desde la Cascada del Diablo, que tiene una altura de al menos 25 metros.

Juan Salazar también ha crecido rodeado de ríos, en la localidad de Alcoche (en el municipio de Caranavi) y, al igual que Richard, es conocedor de la selva y los afluentes de la región. Es él quien da el ejemplo al escalar la roca resbalosa, con un poco de vegetación que ayuda a sostenerse, y llegar a la cascada de 15 metros, desde donde salta como si fuera cosa de rutina. Al ser un curso de nivel principiante, los aventureros experimentan la sensación de caer al agua desde terrazas de ocho y cinco metros de altura. “Vernos en un lugar muy alto y tomar la decisión de dar el paso hacia el vacío, hacerlo y repetirlo, ahí está el gusto”, afirma Nataly Zapata, quien equilibra sus jornadas como odontóloga con deportes extremos junto a su amiga Luz Segales, quien pese a no saber nadar se lanza desde cinco metros, más que todo por la seguridad que brindan los acompañantes. “Aunque dura unos segundos, se siente una paz total”. Los asistentes coinciden en una palabra —adrenalina— para expresar su sensación. Después de compartir la experiencia de haber visitado la caída de agua en un pequeño campamento a orillas del río, Richard da instrucciones sobre salvamento y un curso acelerado de natación en afluentes, que no es lo mismo que en piscina, por la fuerza del caudal. Los cursos avanzados de rescatismo en ríos de montaña, que se llevan a cabo una vez al año, son recomendados para guías de turismo, montañistas, alpinistas, profesores de educación física, kayakistas, rescatistas, salvavidas, policías, buzos, bomberos y fuerzas de seguridad.

Manuel está contento de haber repetido la experiencia del rafting y de los saltos de confianza, pero mucho más por haber repasado los aspectos más importantes de primeros auxilios y rescatismo, pues ahora, al trabajar en un grupo de seguridad en La Paz, pretende que su trabajo se asemeje al de Richard: hacer de su actividad una peripecia segura.

Destreza y espíritu de aventura

Conocido en el mundo como rafting, el descenso de ríos o balsismo es un deporte extremo en el que se mezclan la destreza y el espíritu de aventura, consistente en recorrer el cauce de los ríos en dirección de la corriente sobre algún tipo de embarcación, como una balsa de goma, canoa o un kayak.

No existe una fecha exacta de la aparición de esta actividad, aunque se señala que es producto de exploradores, cazadores y pescadores que descendían en botes, y que se popularizó en regiones de Europa y en Estados Unidos.

El rafting, como actividad de recreación, empezó después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, cuando los botes inflables con forma de canasta, que habían sido diseñados para efectuar ataques sorpresa en el océano, comenzaron a ser utilizados en los ríos rápidos como diversión para el tiempo libre.

En los años 50, esta actividad alcanzó mucha popularidad, por lo que reemplazaron estas embarcaciones militares por otras con formas rectangulares y con materiales novedosos, que las hacen más resistentes y seguras al agua.

Los practicantes de esta disciplina han encontrado nuevos recorridos para bajar los ríos e incluso lograron que el rafting sea reconocido en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 (Alemania). 

Clasificación de ríos

La fuerza de los ríos varía entre alto, medio y bajo, dependiendo de la temporada de lluvias. Por ejemplo, el caudal alcanza su nivel máximo durante el deshielo, que ocurre en primavera. El mínimo se registra a principios de otoño y, con el transcurrir de la estación, las lluvias hacen que los ríos vuelvan a ganar volumen.

Pero la diversión no depende de la altura, sino del grado de dificultad, que se detalla a continuación:

Clase 1 (fácil). Es agua en movimiento, con olas chicas y pasajes claros, casi sin obstrucciones.

Clase 2 (novatos). Son ríos rápidos, con canales anchos y claros. Se requiere cierta maniobrabilidad, pero las olas, rocas y demás obstáculos son fácilmente sorteables.

Clase 3 (intermedio). El caudal es rápido, con olas altas, irregulares y constantes, capaz de sumergir una canoa abierta. A menudo se requiere maniobrabilidad compleja en aguas rápidas y un buen control del bote. El autorrescate es en general fácil, pero puede requerir asistencia del grupo en rápidos largos.

Clase 4 (avanzado). Los descensos son rápidos, intensos, poderosos pero predecibles, que requieren un manejo preciso del bote en aguas turbulentas. Antes de ser atravesados por primera vez deben ser explorados. En caso de algún accidente, las condiciones de rescate son dificultosas, por lo que es recomendable que lo hagan personas entrenadas.

Clase 5 (expertos). Los rápidos son largos, muy violentos, con gran desnivel, rutas muy congestionadas, que pueden tener olas grandes y huecos imposibles de evitar, por lo que requieren un alto nivel de entrenamiento. Deben ser explorados desde la costa, aunque no siempre es posible. La natación es peligrosa y el rescate es difícil incluso para los expertos.

Clase 6 (extremo). Estos rápidos a menudo ejemplifican el límite de dificultad, son impredecibles y muy peligrosos. Los errores pueden tener consecuencias muy graves y el rescate puede ser imposible. Es solo para equipos de expertos, después de haber realizado una inspección detallada y tomado todas las precauciones.

Factory abre el bar Deck en Irpavi

“Es para los amantes del deporte y para quienes gustan de la buena comida acompañada de una cerveza bien fría”, dijo Nicolás Fortún, jefe de Marca de Paceña, principal auspiciador.

Factory abre el bar Deck en Irpavi Fotos: Erika Ibargüen

El restaurante Factory estrenó un nuevo ambiente en el patio exterior del MegaCenter de Irpavi. El bar deportivo Deck (terraza) fue pensado como un sitio moderno y cómodo para compartir entre amigos. “Es para los amantes del deporte y para quienes gustan de la buena comida acompañada de una cerveza bien fría”, dijo Nicolás Fortún, jefe de Marca de Paceña, principal auspiciador.

A la entrada al pub están grandes pantallas de plasma en las que se transmiten partidos de voleibol, fútbol, básquetbol, tenis y otras disciplinas importantes, tanto nacionales como internacionales.

“Emprendimientos como el Deck de Factory permiten a los fanáticos del deporte disfrutar de estos encuentros”, comentó Sergio Arenas en representación de Factory, restaurante que es conocido por sus hamburguesas y alitas de pollo, entre otras opciones de su menú. Además de la buena comida, la música fue el toque de la noche.

jueves, 12 de enero de 2012

Impulsan el turismo en 8 áreas protegidas

El Sernap priorizará el desarrollo de esta actividad en las 22 reservas del país con la implementación o mejora de servicios y ofertas.

Las áreas protegidas serán potenciadas para ampliar la oferta turística de Bolivia. Este año se promocionará a ocho de ellas, donde ya existen algunas actividades relacionadas con este rubro.

El contacto con la naturaleza. La responsable de turismo del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), Ruth Suxo, explicó que su institución elabora los planes y las normas para la actividad turística, con base en la Estrategia para el Desarrollo del Turismo en el sistema nacional de áreas protegidas, presentada en octubre pasado.
“Son ocho las áreas priorizadas para implementar, apoyar y desarrollar en este 2012. Sin embargo, según el plan a 10 años, hemos visto cómo vamos a ir desarrollando cada una de las 22 áreas protegidas nacionales”.
Estas ocho áreas protegidas, entre las que se encuentra el Parque Cotapata, el Madidi y Toro Toro, son las que ya tienen actividades turísticas y un flujo continuo de visitantes.

“Vamos a ver qué es lo que falta desarrollar; por ejemplo, la promoción, mejorar algunos servicios o los medios para llegar”.

El 20 por ciento va a los parques. La Estrategia para el Desarrollo del Turismo señala que de las 22 áreas protegidas nacionales, 13 tienen actividades turísticas continuas, aunque de ellas, sólo 11 cuentan con registros de esta labor y dos no disponen de datos.

Se estima que, sólo durante 2010, las áreas protegidas recibieron la visita de unas 120.000 personas, aunque esta cifra puede ser mayor por la informalidad de algunos registros.
Esta demanda representa el 20 por ciento de los turistas que visitaron el territorio nacional durante esa gestión.

150 son las empresas que actualmente explotan el turismo dentro de las áreas protegidas del país.

“Nuestro trabajo va de la mano del Viceministerio de Turismo, porque tenemos que enmarcarnos en su política con la recién estrenada marca país, con videos promocionales. Queremos que haya una promoción hacia el exterior”.

Ruth Suxo / RESPONSABLE DE TURISMO

Más normas para preservar la naturaleza. El Sernap prevé la creación de instrumentos de gestión para cada una de las áreas protegidas del país. Se trata de planes de desarrollo turístico y reglamentos específicos para esta actividad, en los que se establecerá qué se puede hacer y qué no en esos lugares.

También se definirán las sanciones y multas para las empresas y el control a los guías locales, sobre el trato que se da a los visitantes.

También se establecerá qué zonas se podrá visitar y qué otras están restringidas al paso de los turistas, a fin de garantizar la preservación del lugar.

Las ocho áreas

Las áreas protegidas que desarrollarán el turismo son las siguientes.

ÁREAS PROTEGIDAS
Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Avaroa.
Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi.
Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Amboró.
Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Cotapata.
Parque Nacional Sajama.
Parque Nacional Toro Toro.
Reserva de la Biósfera y Tierra Comunitaria de Origen Pilón Lajas.
Área Natural de Manejo Integrado Nacional Apolobamba.

domingo, 8 de enero de 2012

Sorata, la perla de Los Andes

Se trata de la capital de la provincia Larecaja del departamento de La Paz. Es un encantador valle situado a los pies del majestuoso Illampu, a lo que debe el contraste de sus impresionantes paisajes, mezcla de cordillera y valle.

Con una altitud de 2.700 metros sobre el nivel del mar, Sorata es un destino ideal para el descanso y la aventura. Sus paisajes, vegetación exuberante y clima (de 18 grados centígrados) llaman a la tranquilidad; mientras que sus lugares, como la gruta de San Pedro, son una invitación al turismo de aventura.

Además que entre mayo y septiembre se da el pico de la temporada de senderismo en el lugar.

Las haciendas, que se construyeron durante la época colonial, aún son capaces de estimular la admiración de quienes las ven por primera vez, además que se constituyen en un complemento que hacen de esta localidad un destino imperdible de visitar en el departamento de La Paz.

La plaza principal, que lleva el nombre del presidente fallecido Enrique Peñaranda (1940-1943), ofrece una espectacular vista de los nevados, mientras que a pocos metros, donde se encuentra la Alcaldía, se ha instalado un museo que muestra vestigios de la cultura inca encontrados en el sitio Inca Marka, cerca de la laguna Chillata.

Ríos y cascadas

Sin embargo, Sorata tiene más encantos: sus ríos San Cristóbal, Capinota, Soque, Coco y Tora; las lagunas Glaciar y Chillata; poblaciones como Lacatiya y caminos precolombinos como el del Oro y el Kallawaya, además de cascadas.

Desde la laguna Glaciar, que se encuentra a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar, se puede admirar toda la población sorateña, el lago Titicaca y parte de la cordillera Real.

La belleza de Sorata ha llevado a muchos, como el escritor Antonio Díaz Villamil, a compararla con el Jardín del Edén.

Gruta de San Pedro

Se encuentra a unos ocho kilómetros del poblado. Es una inmensa caverna natural a 400 metros de profundidad situada dentro de una montaña de piedra blanca. En su interior se puede observar un lago natural y formaciones de estalactitas y estalagmitas con millones de años de antigüedad.

A este paisaje oscuro se suman cientos de murciélagos de al menos cuatro variedades que duermen agazapados en las paredes de la gruta.

Cientos de leyendas han surgido en torno a esta gruta. Algunos dicen que es parte de un pasadizo que llega hasta el lago Titicaca y que en ella los incas escondieron grandes riquezas para salvarlas de la angurria de los conquistadores españoles.

Río San Cristóbal

Es conocido por los pobladores como el Cori Wayu, que significa maíz de oro. Sus aguas cristalinas pasan por la población y en la temporada de lluvias permiten la práctica del barranquismo o canyoning y pesca deportiva.

El río es también ideal para la observación de la flora y fauna propias de la población.

Caminos del Oro y Kallawaya

Existen varios caminos precolombinos que llegan y parten de Sorata hacia las montañas y los valles subtropicales de Yungas de La Paz. El camino del Oro es uno de los más conocidos y lleva siete días recorrerlo hasta llegar a Guanay, pasando por Tipuani. Otro ejemplo es el camino de los Kallawayas, un recorrido de ocho a 14 días para llegar a la región de Apolobamba.

Ambas rutas son una invitación para el turismo de aventura.

Tierra de mollos e incas

La historia señala que la cultura mollo fue la primera en llegar a Sorata. Los incas también ocuparon el valle antes que los españoles, quienes llegaron a este paraíso para convertirlo en un lugar de descanso. Muestra de esto son las casas coloniales que construyeron en el pueblo, que era el enlace entre La Paz y las poblaciones auríferas de Pelechuco y Tipuani.

Pero Sorata no brilló sólo como lugar de descanso, sino como principal productora de la valorada quinina, que hasta principios del siglo XX se constituía en el principal medicamento natural que curaba la malaria. También fue productora importante de coca.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Yotala, pasado y presente turístico

Es un pueblo colonial que se ubica a 12 Kilómetros de Sucre. Está situado dentro de un valle con clima templado y paisaje muy agradable y es considerado, hasta nuestros días, la huerta de Sucre. Yace entre muchas montañas llenas de naturaleza verde y caídas de agua clara. En el pueblo mismo las calles son empedradas y las construcciones y edificaciones presentan una arquitectura colonial que puede apreciarse en las antiquísimas casas de hacienda que abundan en la zona.

En los alrededores del pueblo, existen cabañas de descanso para los turistas. La población, casi en su totalidad, es de origen quechua. En general Yotala es un pequeño y tranquilo pueblo colonial donde los visitantes podrán disfrutar de la quietud que ofrece para poder relajarse. La festividad más importante se lleva a cabo el 30 de agosto donde se celebra Santa Rosa que es un festejo folklórico religioso.

No obstante, para los amantes del turismo de aventura en Yotala existen muchas rutas destinadas a la práctica de Mountain Bike ó Ciclismo de montaña que es la actividad deportiva que se realiza sobre una bicicleta de montaña en terrenos montañosos. Por extensión, se aplica el término a todos los demás terrenos a campo traviesa que presentan muchas de las dificultades existentes en los terrenos montañosos, como son terrenos diversos cubiertos por arena, tierra, lodo, arroyos, etc.; obstáculos: huecos, piedras, troncos, ramas y acantilados. También uno se verá enfrentado a pendientes diversas y rutas sinuosas en este deporte de aventura.

Yotala también se caracteriza por ser la sede del Teatro de los Andes, grupo de artistas de renombre internacional fundado por César Brie, Gianpaolo Nalli y Nayra González hace más de veinte años cuando decidieron dar marcha a este un proyecto artístico que trascendió las fronteras del país. Para los artistas que trabajan en el Teatro de los Andes el proceso creativo es su día a día, tanto así que el teatro es su trabajo y forma de vida y han presentado inolvidables obras como Otra vez Marcelo, Ubu en Bolivia, En un sol amarillo o La Ilíada.

Sea como fuere, si uno quiere descansar y disfrutar del paisaje y el clima; realizar turismo de aventura ó respirar el aire artístico que emana Yotala, claramente es un destino ineludible cuando se esté de visita en la Capital de la República.