domingo, 6 de noviembre de 2016

La Casa Grande del Pueblo irrumpe en el paisaje paceño


Sobre una antigua terraza inclinada hacia el borde este del río Choqueyapu, que los incas tomaron de los originarios de Chuquiabo y los mitmas Pacajes para controlar sus enclaves coloniales, ha comenzado a levantarse, en los últimos meses, la obra gruesa de la Casa Grande del Pueblo, irrumpiendo en el paisaje urbano histórico del casco viejo de la ciudad de La Paz.

La estructura ya ejerce predominio sobre el conjunto del casco viejo citadino y sólo es todavía superada por los 106 metros de altura del edificio del Banco Central de Bolivia, el paralelepípedo vertical más alto que el expresidente Hugo Banzer ordenó erigir hace 43 años, demoliendo una casona colonial-republicana de la esquina Mercado y Ayacucho.

Por el mismo rumbo, aunque cuatro décadas después, para la nueva sede del Órgano Ejecutivo, que sustituirá al Palacio Quemado, se derribó, en 2014, la casa Alencastre, que se encontraba en la esquina Ayacucho y Potosí. La casona es uno de los inmuebles patrimoniales de la arquitectura paceña que el municipio local no pudo ni supo salvar, como la última chullpa aymara de Achumani.

Si la torre del Banco Central y su organización estuvieron inspiradas en el bostoniano Banco de la Reserva Federal y en el City Bank neoyorquino, el nuevo edificio del Gobierno nacional exalta un diseño neo-tiwanacota, a la manera de un monolito hembra en gravidez, mirando hacia el sur, con un frontis semejante a la silueta de la Puerta de la Luna, pero mucho más alto.

"De la volumetría mayor emerge un volumen que representa la gestación de la nueva mirada del país”, señala información de la página digital del Fondo de Desarrollo Regional (FNDR). Esto supondría, acaso, la eventual representación de la Pachamama emergiendo de sí misma.

"Son líneas puras, sencillas, que no encuentran obstáculos y se proyectan al infinito, líneas que ascienden a lo divino”, señala la información oficial. El proyecto está inspirado en los centros ceremoniales de Tiwanaku "rescatando sus elementos en una volumetría que expresa nuestras raíces y nuestra esencia”.

No mirará al sol


Paradójicamente, salvo quizá al atardecer y en verano, la cara de la enorme construcción no mirará hacia el sol, algo contrario a la cosmovisión andina, que orientaba sus portadas hacia el este, como las chullpas del Collao o como las puertas del Sol y de la Luna en Tiwanaku.

El costo del edificio está calculado, ahora, en 36 millones de dólares, incluida la supervisión a cargo de AIC, aunque se desconoce si el monto abarca el amoblado y otras obras y adquisiciones que harán parte del edificio.

Lo construye la empresa Tauro y su entrega estaba prevista para este año, pero fue aplazada (posiblemente para 2017 o 2019) debido a que pilotes y otras fundaciones comenzaron recién a erigirse el año pasado. La ch’alla fue en febrero pasado, durante el Carnaval.

Más de 20 pisos


El predio tiene 1.877 metros cuadrados y la superficie construida será de más de 31.792 metros cuadrados para 29 pisos, aunque según una versión oficial dio cuenta de sólo serán 22.

"Contará con suelo, subsuelo, 22 pisos y un helipuerto que será de uso exclusivo del presidente Evo Morales y del Ministerio de la Presidencia”, precisó en la presentación del proyecto, en 2014, el entonces viceministro de Coordinación Gubernamental Rodolfo Illanes, ya fallecido.

A esas instalaciones se agrega un auditorio para 1.000 personas, salones y oficinas para otros dos ministerios: Comunicación y Transparencia, aparte del nivel de parqueos.

Para las autoridades, el helipuerto, una plataforma de 700 metros en el último piso, "sintetiza la unión de los tres espacios andinos”.

Se ignora si en el proyecto de la Casa Grande del Pueblo se han cumplido las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (Unesco) sobre la conservación del paisaje urbano histórico.

Por lo pronto, la obra gruesa se superpone a las tejas coloniales y las cúpulas republicanas, quizá a modo de la Plaza de las Tres Culturas, en México DF, donde pirámides y arqueología tlatelolca de 1337 se integran con la antigua catedral de Santiago de Tlatelolco (1527) y a la contemporánea arquitectura de la ex Cancillería, al lado del conjunto habitacional de 102 edificios que albergan a 11.000 departamentos.

La diferencia estriba en la originalidad y la legitimidad del patrimonio arqueológico mexicano: los monumentos tlatelolcos no son copias o reminiscencias prehispánicas, sino que perviven allí, donde los erigieron sus ancestros y los preservan sus descendientes.

Su peso material e histórico impidió que el dictador Porfirio Díaz, afecto a la reelección permanente hasta antes de la revolución mexicana, modificara el área para que pase el ferrocarril. Tlatelolco fue escenario de la represión del 68 contra los universitarios y uno de los espacios más dañados por los terremotos de 1985.

En La Paz, la plaza Murillo tendrá a la vista otra empinada estructura de cemento, acero y cristales: el edificio del Órgano Legislativo, de 20 pisos, que competirá en altura y estilo con las nuevas oficinas del Ejecutivo, aunque ya le ganó en costo: 34 millones de dólares más caro que su privilegiado vecino y sin helipuerto.

¿Preserva el conjunto urbano histórico?


Se considera "conjunto histórico o tradicional” todo grupo de construcciones y de espacios, incluso los lugares arqueológicos y paleontológicos, que constituyan un asentamiento humano tanto en medio urbano como en medio rural y cuya cohesión y valor son reconocidos desde el punto de vista arqueológico, arquitectónico, prehistórico, histórico, estético o sociocultural.

Entre esos conjuntos, que son muy variados, pueden distinguirse en especial: los lugares prehistóricos, las ciudades históricas, los antiguos barrios urbanos, las aldeas y los caseríos, así como los conjuntos monumentales homogéneos, quedando entendido que estos últimos deberán por lo común ser conservados cuidadosamente sin alteración (Recomendación de la Unesco, 1976).

Políticas, ¿integración armónica?


La conservación del patrimonio urbano debe integrarse en la labor de formulación y aplicación de políticas tanto generales como relativas al contexto urbano global.

Estas políticas necesariamente deben incluir mecanismos para equilibrar conservación y sostenibilidad a corto así como también a largo plazo, haciendo especial hincapié en una integración armónica de las intervenciones contemporáneas en el entramado urbano histórico.

Los Estados Miembros deben integrar las estrategias de conservación del patrimonio urbano en sus políticas y programas nacionales de desarrollo con arreglo a la noción de paisaje urbano histórico (Recomendación de la Unesco, 2011).

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